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En el barrio la perseverancia justo en el corazón de Bogotá existe una pequeña casa. Su suelo ya no existe, ahora es solo tierra y matas, ¿El techo? Bueno, digamos que el techo es el cielo, y las paredes apenas se sostienen, una casa abandonada.
Enterrado en lo más profundo de esta casa hay un foto dañada de una familia donde todos sonríen, según cuentan las malas lenguas era la primera vez que se pintaba la fachada de ese hogar.
Además, si cierras los ojos y prestas atención tal vez alcances a escuchar la risa de una niña, puedo apostar que se burlaba de su tío por no saberse las canciones de Hannah Montana pero intenta ignorar lo gritos que retumban en las paredes, las peleas atraviesan a cualquier familias. Ese ruido que se escucha en la cocina es el batir del chocolate, mezclado con el tintinear de unas copas de aguardiente chocandose, algo estaban celebrando ¿Habrá sido la compra del radio más grande de la cuadra o el primer cumpleaños de uno de tanto hijos? Solo Dios sabrá.
Esa casa es un nido de memorias, sus ladrillos no están pegados con cemento sino con risas, las matas crecieron a punta de lágrimas y los techos fueron reforzados con amores secretos. Esa paredes caídas y esos suelos rotos fueron una vez un hogar, hoy son ruinas, deshechos, pedazos de concreto sin ningún valor.
La historia de esta casa se parece mucho a la nuestra, vamos por la vida caminando entre momentos, guardando secretos, construyendo amores, hasta que un día después de muchas decepciones y unas tantas carcajadas, nos convertimos debajo del concreto en eso… Una casa en ruinas.
